Cáncer de mama en Chile: detección precoz, prevención y acompañamiento pueden cambiar una historia

Es el cáncer más frecuente entre las mujeres en Chile y constituye una de las principales causas de muerte oncológica femenina. Frente a esta realidad, especialistas llaman a fortalecer la prevención, mantener los controles médicos y no postergar los exámenes de detección.

Equipo Unidos por el Cáncer

8/22/20268 min read

person with pink band on her left hand
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El cáncer de mama continúa representando uno de los principales desafíos de salud pública en Chile y en el mundo. Se trata del cáncer más frecuente entre las mujeres de nuestro país y una enfermedad que, además de afectar directamente la salud, puede transformar profundamente la vida de las pacientes, sus familias y sus comunidades.

De acuerdo con los datos citados en el artículo original del Observatorio Global del Cáncer (Globocan), en Chile se producen cerca de 5.640 nuevos diagnósticos de cáncer de mama cada año, con una incidencia de 38,2 casos por cada 100 mil habitantes.

La magnitud del problema también se refleja en las cifras de mortalidad. Según datos del Ministerio de Salud citados en la publicación, aproximadamente seis mujeres fallecen diariamente en Chile producto de esta enfermedad.

Durante 2023, además, se registraron 2.263 defunciones de mujeres por cáncer de mama, la cifra más alta desde que existen registros. En comparación con 2022, esto representó un aumento de 12,87% en las muertes a nivel nacional.

Detrás de cada uno de esos números existe una historia personal. Una mujer, una familia, hijos, parejas, padres y personas cercanas que deben enfrentar un diagnóstico que puede cambiar completamente sus vidas.

Por eso, hablar de cáncer de mama no significa solamente hablar de estadísticas. También significa hablar de prevención, diagnóstico oportuno, acceso a tratamiento, acompañamiento y esperanza.

Detectar a tiempo puede marcar una diferencia

Uno de los principales mensajes de los especialistas frente al cáncer de mama es la importancia de la detección precoz.

Cuando la enfermedad es identificada oportunamente, existen mayores posibilidades de establecer un tratamiento adecuado y actuar antes de que el tumor pueda extenderse a otras partes del organismo.

La detección puede realizarse mediante controles médicos y exámenes de imágenes, particularmente la mamografía, considerada una herramienta fundamental para la pesquisa del cáncer de mama.

La edad de inicio de los controles puede variar de acuerdo con las características y factores de riesgo de cada mujer. Por ello, es importante conversar con profesionales de salud para determinar cuándo corresponde comenzar y con qué frecuencia deben realizarse los exámenes.

En mujeres que presentan antecedentes familiares importantes, determinadas características clínicas o alteraciones genéticas conocidas, las estrategias de vigilancia pueden ser diferentes y requerir controles más tempranos o complementarios.

¿Quiénes presentan mayor riesgo?

El cáncer de mama no tiene una sola causa.

Se trata de una enfermedad en la que intervienen múltiples factores que pueden aumentar o disminuir el riesgo de desarrollarla.

La oncóloga Olga Barajas, citada en el artículo, identifica entre los factores asociados el envejecimiento, el sexo femenino, no haber tenido hijos o haber tenido el primer embarazo a una edad más avanzada, la primera menstruación antes de los 12 años y la menopausia tardía.

También se consideran factores de riesgo determinados antecedentes médicos, como haber recibido radioterapia previa en el tórax o la mama, antecedentes familiares de cáncer de mama en familiares de primer grado, antecedentes personales de determinadas lesiones mamarias o de cáncer de mama, además del uso prolongado de terapia de reemplazo hormonal.

A ellos se suman factores relacionados con el estilo de vida, entre ellos el sobrepeso u obesidad, el consumo de tabaco y el consumo de alcohol.

Sin embargo, es importante comprender que presentar uno o varios factores de riesgo no significa que una persona necesariamente desarrollará cáncer de mama, del mismo modo que no tener factores de riesgo identificables no elimina completamente la posibilidad de desarrollar la enfermedad.

Por eso, los controles médicos son importantes para todas las mujeres, considerando las características individuales de cada persona.

El componente genético: importante, pero no explica la mayoría de los casos

Cuando se habla de cáncer de mama, frecuentemente aparece la preocupación por los antecedentes familiares y las mutaciones genéticas.

Los genes BRCA1 y BRCA2 cumplen funciones relacionadas con la reparación del ADN. Determinadas variantes patogénicas en estos genes pueden aumentar la predisposición a desarrollar cáncer de mama y ovario.

Sin embargo, según la información proporcionada por el artículo, solamente entre 5% y 9% de los cánceres de mama estarían relacionados con mutaciones genéticas heredadas.

Esto significa que la gran mayoría de los casos no corresponden a un cáncer hereditario conocido.

La evaluación genética puede adquirir especial importancia cuando existen determinadas características clínicas o familiares. Por ejemplo, el artículo señala como situaciones en las que puede considerarse el estudio genético los casos de mujeres jóvenes con antecedentes familiares relevantes, determinados subtipos de cáncer de mama —como el triple negativo— o la aparición de cáncer de mama en hombres.

Cuando existe sospecha de una predisposición hereditaria, la consejería genética permite evaluar los antecedentes familiares, explicar las posibilidades y determinar qué estudios son pertinentes.

La mamografía y otros exámenes

La mamografía ocupa un lugar central en la detección del cáncer de mama.

Según la especialista citada en la publicación, para personas de riesgo promedio el screening puede comenzar alrededor de los 50 años, mientras que en personas con factores de riesgo importantes puede ser necesario iniciar la vigilancia antes.

La estrategia debe individualizarse.

En determinadas pacientes, especialmente cuando existe tejido mamario denso, una edad más joven o antecedentes genéticos específicos, pueden utilizarse otros métodos complementarios, como la ecotomografía mamaria o la resonancia magnética.

Estos exámenes no necesariamente reemplazan a la mamografía, sino que pueden complementar la evaluación cuando las características de la paciente así lo requieren.

Por esta razón, la decisión sobre qué examen realizar y con qué frecuencia debe tomarse junto con profesionales de salud.

Del diagnóstico al tratamiento

Cuando existe una sospecha de cáncer de mama, el diagnóstico definitivo requiere una evaluación médica y, habitualmente, una biopsia, que permite estudiar las características de las células tumorales.

Una vez confirmado el diagnóstico, es necesario determinar la extensión de la enfermedad y sus características biológicas.

La etapificación permite establecer si el tumor se encuentra localizado en la mama, si existe compromiso de los ganglios de la axila o si la enfermedad se ha diseminado a otros órganos.

Los estudios utilizados pueden incluir diferentes métodos de imágenes, cuya indicación dependerá de cada caso y de las características clínicas de la paciente.

Esta evaluación es fundamental porque no todos los cánceres de mama son iguales y, por lo tanto, tampoco todos requieren el mismo tratamiento.

Un tratamiento que debe ser personalizado

Entre las principales herramientas terapéuticas para enfrentar el cáncer de mama se encuentran la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia y la hormonoterapia, además de otras terapias sistémicas que pueden indicarse según las características específicas del tumor.

La elección del tratamiento depende de factores como el tipo de cáncer, su etapa, las características biológicas del tumor, la edad de la paciente, sus condiciones generales de salud y otros antecedentes clínicos.

Por esta razón, la atención multidisciplinaria tiene un papel fundamental.

En los equipos especializados pueden participar cirujanos de mama, oncólogos médicos, radioterapeutas, patólogos, radiólogos y otros profesionales de la salud.

La discusión conjunta de cada caso permite definir una estrategia terapéutica acorde con las necesidades de cada paciente.

El cáncer también afecta emocionalmente

Un diagnóstico de cáncer de mama no impacta solamente al organismo.

Para muchas mujeres, la enfermedad puede generar miedo, incertidumbre, angustia y preocupación por el futuro.

Además, algunos tratamientos pueden producir cambios físicos que afectan la percepción corporal, la autoestima, la sexualidad y la vida cotidiana.

La posibilidad de una cirugía, los tratamientos prolongados, los cambios hormonales y el temor a una eventual recurrencia pueden generar una importante carga emocional.

Por ello, el abordaje integral del cáncer debe considerar también la salud mental y el bienestar emocional.

El apoyo psicológico, el acompañamiento familiar y las redes sociales pueden convertirse en elementos relevantes durante el proceso.

Una paciente no debería sentirse obligada a enfrentar sola las consecuencias emocionales de la enfermedad.

Una enfermedad que también impacta a las familias

Cuando una mujer recibe un diagnóstico de cáncer de mama, la enfermedad suele afectar a todo su entorno.

Las rutinas familiares pueden cambiar. Pueden aparecer dificultades relacionadas con el trabajo, los cuidados, el transporte, los gastos asociados al tratamiento y la organización de la vida cotidiana.

Para quienes tienen hijos pequeños, además, puede surgir la preocupación por cómo explicarles la enfermedad y cómo mantener las rutinas familiares durante los períodos de tratamiento.

Por eso, las redes de apoyo cumplen un papel fundamental.

Familiares, amigos, organizaciones sociales, fundaciones y equipos de salud pueden contribuir a que la paciente tenga compañía durante un proceso que puede ser largo y exigente.

Acompañar también es una forma de cuidar.

Prevenir también es actuar

No todos los factores asociados al cáncer de mama pueden modificarse. La edad, los antecedentes familiares y determinados factores reproductivos o genéticos no dependen de una decisión personal.

Sin embargo, existen conductas que pueden contribuir a reducir el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer y favorecer una mejor salud general.

Entre las recomendaciones entregadas por especialistas se encuentran:

  • No fumar.

  • Mantener un peso saludable.

  • Llevar una alimentación equilibrada.

  • Realizar actividad física regularmente.

  • Evitar o reducir el consumo de alcohol.

  • Mantener los controles médicos correspondientes.

  • Consultar ante cambios o síntomas mamarios.

  • Cumplir con los controles de mamografía indicados para cada mujer.

  • Conversar con profesionales de salud sobre antecedentes familiares de cáncer.

  • Consultar sobre terapia de reemplazo hormonal durante la menopausia cuando corresponda.

La prevención no garantiza que una persona nunca desarrollará cáncer, pero sí puede contribuir a disminuir determinados factores de riesgo y a mantener una relación más activa con el cuidado de la propia salud.

Una preocupación que atraviesa todo Chile

Las cifras de mortalidad muestran que el problema no se distribuye necesariamente de manera uniforme en el territorio nacional.

Según los datos citados en el artículo original, durante 2023 algunas regiones registraron importantes aumentos en las defunciones respecto del año anterior.

También se han identificado diferencias territoriales en indicadores relacionados con mortalidad prematura y años de vida potencialmente perdidos.

Estas diferencias refuerzan la necesidad de considerar el acceso oportuno a la prevención, diagnóstico y tratamiento como un desafío de salud pública que debe abordarse en todo el territorio nacional.

No basta con que existan tratamientos disponibles si las personas enfrentan dificultades para acceder a los controles, exámenes o especialistas que necesitan.

Un desafío mundial

El cáncer de mama tampoco es un problema exclusivo de Chile.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha impulsado una iniciativa mundial contra esta enfermedad basada en tres grandes líneas de acción: detección precoz, diagnóstico oportuno y tratamiento integral.

El objetivo es reducir las muertes evitables y mejorar los resultados para las mujeres afectadas por esta enfermedad.

La experiencia internacional muestra que los avances médicos pueden cambiar significativamente el pronóstico de las pacientes, pero esos avances deben ir acompañados de sistemas capaces de detectar los casos oportunamente y garantizar el acceso a una atención adecuada.

El mensaje es claro: no postergar la salud

El cáncer de mama representa una realidad que ninguna mujer debería enfrentar en soledad.

Las cifras muestran la dimensión del problema, pero también permiten comprender dónde deben concentrarse los esfuerzos: prevención, detección temprana, acceso a diagnóstico, tratamiento oportuno y acompañamiento integral.

Una de las principales dificultades continúa siendo lograr que las mujeres no posterguen sus controles de salud.

Muchas veces, las responsabilidades familiares, laborales y económicas llevan a dejar la propia salud para después. Sin embargo, el cuidado personal también es una responsabilidad necesaria para poder cuidar a otros.

La invitación es a informarse, conocer los factores de riesgo, conversar con profesionales de salud y mantener los controles correspondientes.

Y, ante un diagnóstico, recordar que detrás de cada tratamiento existe una persona que necesita mucho más que medicamentos: necesita información, apoyo, compañía, dignidad y esperanza.

Porque enfrentar el cáncer no es solamente combatir una enfermedad.

Es también acompañar a una mujer durante una de las etapas más difíciles de su vida y ayudarla a recordar que no está sola.

Prevenir es cuidar. Detectar a tiempo es una oportunidad. Acompañar es estar unidos por la vida.

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